Javier Milei inauguró el 144° período de sesiones ordinarias del Congreso con un discurso nocturno, larguísimo y de alto voltaje político, en el que mezcló balance de gestión, anuncios económicos, una ofensiva discursiva contra la oposición y los empresarios “prebendarios”, y una fuerte reafirmación de su alineamiento con Estados Unidos y Occidente. En un recinto menos colmado que en otras aperturas, con faltazo de varios gobernadores peronistas y carteles de la izquierda contra la guerra en Medio Oriente y el cierre de Fate, el Presidente habló más de dos horas entre gritos cruzados, chicanas e insultos que marcaron el clima de la noche.
Desde el arranque volvió sobre la “herencia” y describió la situación de hace dos años como una “crisis terminal” que combinaba las peores experiencias económicas del país. Sobre esa base reivindicó como principal logro haber alcanzado “el primer presupuesto sin déficit en 100 años”, haber eliminado el déficit cuasifiscal del Banco Central y haber reducido el gasto primario en términos reales, sin subir impuestos. Agradeció especialmente al ministro de Economía Luis “Toto” Caputo, a quien calificó como “el mejor ministro de Economía del mundo”, y al titular del Banco Central Santiago Bausili, a quienes atribuyó haber evitado una hiperinflación.
Milei defendió su programa de ajuste como condición para “salir del pozo” sin expropiaciones ni default y sostuvo que la economía ya encadenó dos años de crecimiento. Al mismo tiempo, cargó contra los legisladores opositores que lo interrumpían, a quienes acusó de no entender los datos y de haber emitido “28 puntos del PBI” en el último gobierno para ganar una elección. También dedicó un tramo a la seguridad, elogió la gestión de Patricia Bullrich y aseguró que se redujeron los homicidios, los robos y los piquetes gracias al protocolo antipiquetes y a las reformas impulsadas en el Congreso.
Uno de los momentos más tensos se produjo cuando, en medio de abucheos, apuntó directamente contra el kirchnerismo y contra Cristina Fernández de Kirchner. Calificó de “manga de ladrones” a los legisladores que lo increpaban, sostuvo que “la justicia social es un robo” y afirmó que la ex presidenta “va a seguir presa” por las causas Cuadernos, Vialidad y el Memorándum con Irán. Poco antes había advertido: “Ustedes también podrían gritar porque soy presidente de ustedes, aunque no les guste”, y acusó a la oposición de vivir de “los bolsillos ajenos”.
A lo largo del discurso, el Presidente combinó ese ataque al kirchnerismo con una dura embestida contra la izquierda y los movimientos sociales. Se cruzó con Nicolás del Caño, le recordó que la izquierda “no representa más del 5%” del electorado y lo rebautizó como “la chilindrina trosca”. También se jactó de “domar” a los “kukas” y dijo que le “encanta verlos llorar”, en medio de los cantos de “presidente, presidente” del oficialismo y los carteles de la izquierda que lo definían como “gatito mimoso de Trump” y rechazaban la guerra en Irán y el cierre de Fate.
Desde el plano económico, Milei buscó mostrar resultados y al mismo tiempo señalar culpables por la recesión y la tensión de los últimos meses. Habló de un “ataque golpista” en 2025, atribuido a un sector de la política, empresarios y medios, que habría encarecido el crédito, disparado el riesgo país y frenado la inversión. En ese contexto reivindicó el rol de Estados Unidos y aseguró que, gracias a la “relación especial” con ese país, el gobierno de Donald Trump “acudió en auxilio” de la Argentina para enfrentar lo que definió como una ofensiva desestabilizadora del “antiguo régimen”.
En otra parte central del mensaje, el Presidente desarrolló su idea de “la moral como política de Estado” y su crítica a los empresarios nacionales que se beneficiaron de la protección estatal. Sin nombrarlos, volvió sobre sus choques con Paolo Rocca y el caso Fate: preguntó si era “normal pagar la tonelada de tubo de acero 4000 dólares cuando en el mundo cuesta 1400” o pagar neumáticos “tres o cuatro veces más caros” bajo la amenaza de despidos. También ironizó con las remeras básicas de 50 dólares que se podrían importar a 5, y concluyó que detrás del proteccionismo hay “empresarios corruptos” y “políticos corruptos” que se reparten la renta a costa de “48 millones de argentinos”.
Sobre esa base defendió la apertura comercial como un imperativo moral –no solo económico– y sostuvo que restringir importaciones es “cercenar la libertad” y “robar” a los consumidores. Afirmó que la Argentina es “el país más cerrado del mundo” para su nivel de PBI y que el objetivo del Gobierno es reducir aranceles, desregular y firmar acuerdos internacionales para integrarse al comercio global. Volvió a ponderar la firma del acuerdo Mercosur–Unión Europea y el reciente entendimiento con Estados Unidos, que presentó como pilares de una nueva inserción externa.
Milei dedicó también un tramo extenso a delinear la agenda legislativa de 2026. Anunció que cada ministerio preparó diez paquetes de reformas estructurales y que todos los meses enviará un paquete al Congreso, en lo que definió como “nueve meses ininterrumpidos de reformas”. Entre esas iniciativas mencionó cambios profundas en el Código Civil y Comercial y en el Código Procesal, un nuevo esquema de defensa del consumidor y la competencia, una reforma del Código Aduanero, una revisión integral del sistema impositivo orientada a “bajar impuestos”, reformas políticas y electorales, más privatizaciones y nuevas modificaciones en materia penal y de seguridad, incluyendo juicios por jurados en el fuero federal.
Al mirar hacia adelante, el Presidente proyectó un fuerte salto de las exportaciones energéticas y mineras. Sostuvo que en cinco años el complejo energético exportará 50.000 millones de dólares y que el “Gran Neuquén” se convertirá en una nueva metrópolis. Planteó un desarrollo masivo de la minería a lo largo de la cordillera, con cientos de miles de puestos de trabajo, y prometió una revolución en el agro que permitiría duplicar la producción de granos hasta 300 millones de toneladas con más riego, mejor tecnología y un régimen de propiedad intelectual para semillas. “Quiero argentinos produciendo, no argentinos parásitos”, lanzó al hablar del empleo público y de los planes sociales.
En política exterior, Milei profundizó su discurso de alineamiento con Occidente. Enumeró como ventajas estratégicas los minerales críticos, la energía –gas, petróleo, nuclear y renovable–, la capacidad agroindustrial y la ubicación del país, con salida a dos océanos y proyección sobre la Antártida. Se definió como parte de la “cadena de valor estratégica de Occidente” y planteó la necesidad de “crear el siglo de las Américas”, retomando el slogan trumpista de “Make America Great Again” y adaptándolo a la región. Al recibir críticas desde las bancas, respondió que sus detractores “se entregaban a los terroristas de Irán” y volvió a mencionar los atentados y la muerte del fiscal Alberto Nisman.
El cierre del mensaje mantuvo el tono épico y confrontativo. Milei afirmó que la Argentina está “saliendo de la adolescencia” y entrando en una “mayoría de edad institucional” que exigirá reglas de juego estables para los próximos 50 años. Convocó a los legisladores a “grabar sus nombres en piedra” como la generación que cambie el rumbo del país, definió 2026 como “el Año de la Grandeza Argentina” y remató con su consigna habitual: “Que Dios bendiga a los argentinos, que la fuerza del cielo nos acompañe y viva la libertad, carajo. Hagamos grande a la Argentina nuevamente”.
Fuente: (Zona Oeste Diario)